domingo, 15 de noviembre de 2015

Libros: San Francisco

                                Francisco de Asís. Peregrino hacia la luz
                                                                               M. Hubaut  

Miguel Ángel Escribano
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

           
Para todos aquellos que se dedican al estudio de la espiritualidad franciscana, Michael Hubaut es muy conocido. A lo largo de sus escritos ha ido presentando diversos aspectos del Santo de Asís, tratando siempre de mostrar no sólo su nivel eclesial o personal de encuentro con Dios, sino, sobre todo, el cambio interior, el camino que le ha ido llevando a ser uno con Cristo.
            El libro que presentamos ahora en su original francés se titulaba “los caminos de interioridad de san Francisco”. Pero nos alegramos del cambio de título, porque identifica mejor a San Francisco de Asís: un peregrino que recorre el camino que le llevó a hacerse uno con Cristo. Como dice San Buenaventura: Alter Christus.
            Al inicio de su vida, porque trató de encontrar su sitio en medio de una sociedad cambiante: de burgués a caballero; cuando inicia su camino de conversión peregrina hacia los grandes centros de la cristiandad para sentirse iglesia que ha de ser reparada, no hacerla nueva. Pero su principal peregrinación se encuentra en el camino interior, en su marcha hacia la luz. Lo importante en san Francisco no es el camino sino su peregrinación. Igual opina el Papa dimisionario J. Ratzinger: caminos hacia Dios no hay uno, ni siquiera unos cuantos, sino tantos como hombres que se ponen en camino y buscan a Dios. Igual san Francisco, es su camino, por ello su peregrinación. Efectivamente, cada uno tendrá su propio camino pero no podemos olvidar que los caminos que algunos han hecho nos inician a nosotros en el nuestro y esa es la actualidad que tiene la espiritualidad franciscana en nuestros días: el hecho de la fraternidad y de vivir unidos la misma fe hace que haya muchos hombres y mujeres decididos a seguir esta espiritualidad.
           
Volviendo al peregrino Francisco, acentuamos que su peregrinación  se inicia cuando trata de encontrarse consigo mismo al “tropezar” con Cristo, que le muestra un camino de conversión y, sobre todo, una gran tarea eclesial. No podemos olvidar, como acentúa el autor, que la conversión no es otra cosa que la aceptación de la fe para ser capaces de acoger la visita que Cristo nos hace en persona. Desde aquí comprendemos la acción salvadora de Cristo; nuestra vida, por tanto, debe hacerse y construirse en esta tarea. Por eso el carisma de san Francisco no es la pobreza sino la fe: “ninguna cosa deseemos sino a nuestro creador”; el vive una fe despierta y vigilante.
            Pero como peregrino que es, no podemos pensar que la conversión es algo que sucede en un momento de la vida. Al contrario, es ir descubriendo lo que Dios hace en todo lo que le rodea y cómo lo va asimilando. Primero con una mirada hacia los demás, percibiendo al hermano como un don de Dios, y eso gracias a que el Padre será la nueva cimentación de su vida, toda vez que su padre carnal lo despoja de todo. Sueña San Francisco con una fraternidad universal, obra del Espíritu Santo. Esto es lo que hace que no sea una utopía, sino una realidad que debe llegar al final de una peregrinación de los hombres que se reconocen hijos de un mismo Dios y, por tanto, hermanos. No podemos olvidar que la fraternidad no es algo que se hace sin más: se construye con obras y con las obras de cada uno de nosotros.
            E
n esa peregrinación descubrimos elementos fundamentales en la vida de San Francisco como es la minoridad, la cual en esta peregrinación tiene su raíz en la manera de contemplar a Cristo-Servidor, que se arrodilla para cuidar de sus criaturas. Querrá que sus hermanos sean menores, puestos al servicio de todos, herederos del testamento de Cristo.
            Otro elemento fundamental en el camino hacia la luz es la alegría Es un don del Espíritu, es un arma privilegiada para la lucha contra el mal y la tristeza que a veces nos asalta. La alegría de Dios es crear, darse y amar gratuitamente e infinitamente. Experimenta san Francisco que el sufrimiento puede causar en el corazón del hombre mucha alegría. No cabe mayor invitación a no desechar la alegría de la vida del cristiano.
            En este peregrinar hacia la luz san Francisco nos enseña a descubrir que la conversión, la penitencia y la reconciliación vienen a significar una misma realidad. Lo primero el cambio radical en nuestra vida; la penitencia el conjunto de actos del hombre que manifiestan el cambio y la reconciliación el resultado de este compromiso. Ello nos lleva a reconocer lo que significa el sacramento de la penitencia católico y que San Francisco vivió como muestra de la luz que va llenando nuestro corazón y se manifiesta en nuestras vidas.
           
En definitiva, nos encontramos con un itinerario hacia la gloria que culmina con la resurrección, pero que ha necesitado el camino de la cruz. San Francisco es un caminante casi inimitable, sin embargo invita a caminar a sus hermanos siguiendo al que nos precede. Él hizo de su vida una verdadera liturgia pascual que culminó en la pequeña iglesia de la Porciúncula, mostrando que toda su vida fue una peregrinación hacia la luz. Es un libro muy recomendable, pues recorre la interioridad de la vida de san Francisco, descubriendo su trayectoria vital que termina en la Resurrección: la máxima luz que nace de un corazón entregado y agradecido.

                                   Ed. Arantzazu, Oñate 2014.








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