domingo, 29 de noviembre de 2015

II Adviento (C). Juan Bautista

                                                                  II ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 1-6

            En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de  Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y  Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios  sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto.
            Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para  perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una  voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los  valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.  Y todos verán la salvación de Dios"


            1.- Dios. Juan  exige que apartemos de nuestra vida todas las piedras que nos impiden andar. Debemos allanar el camino a Jesús para que podamos encontrarnos con él y recibir la salvación del Señor. La pretensión de Juan es que tomemos conciencia de nuestros pecados, podamos descubrir a Dios y comprenderlo como una Persona amigable y misericordiosa. El Profeta nos invita a todos a convertirnos; y por otra parte, que el cambio de vida nos suponga un cambio de corazón, de toda nuestra interioridad y que la expresemos en nuestra conducta. Juan nos dice que volvamos, retornemos  al camino de Dios, que jamás debimos abandonar.

2.- La Iglesia. Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin, Dios anuncia una intervención definitiva sobre el Pueblo, que ve acercarse su fin. Ante tal estado de cosas, es necesaria una conversión urgente, un cambio de rumbo en la vida, pues el Señor no está dispuesto a rehacer una y otra vez su Alianza y conceder el perdón de una forma permanente e ilimitada. La predicación de Juan y la práctica del bautismo como signo de conversión, son aceptadas por Jesús en su conjunto. Y lo traslada a la comunidad cristiana después de la Resurrección y Pentecostés. No solo nosotros, sino la Iglesia, en sus estructuras, ministerios y experiencia comunitaria del Señor, necesita la conversión permanente. También nuestras familias, como iglesias domésticas que son.

          
  3.- El creyente. Juan predica la conversión desde el desierto. El desierto es un lugar peligroso, pues es donde se cobijan los rebeldes políticos y sus secuaces, además de los que huyen de la justicia; viven toda clase de animales en un terreno inhóspito y quebradizo. Por otro lado, el desierto se contempla, de una forma simbólica, como un tiempo de revelación y relación con Dios. Por eso, el desierto desconcierta: Juan escucha la voz de Dios y Jesús percibe la seducción del diablo. Pero también el desierto es para Jesús uno de los lugares solitarios donde se retira para orar y relacionarse con Dios.  En este período de la espera de la celebración de la Navidad debemos intensificar nuestra oración; limpiar de cosas y personas que puedan interferir nuestras relaciones de amor, nuestra apertura al Señor.  Jesús nos bautizará con el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios origina nuestra renovación interior, dando lugar a una nueva situación ante Dios y ante los demás hombres. He aquí la descripción de Isaías: «Hasta que se derrame sobre vosotros un aliento de lo alto; entonces el desierto será un vergel, el vergel contará como un bosque, en el desierto morará la justicia, y el derecho habitará en el vergel, el efecto de la justicia será la paz, la función de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas» (Is 32,15-18). Por eso, el bautismo de agua de Juan es solo un preámbulo o una sombra del definitivo, que dará más adelante Jesús, y que renovará nuestra interioridad desde su entrega personal.




II de Adviento C) Juan Bautista

                                                                   II ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 1-6

            En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de  Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y  Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios  sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto.
            Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para  perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una  voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los  valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.  Y todos verán la salvación de Dios".
            
       

1.- Texto. Juan pertenece, seguramente, a una familia sacerdotal. Sin embargo, los Evangelios lo sitúan alejado del templo, predicando contra la corrupción social y religiosa que reina en el judaísmo de entonces. Juan vive en lugares alejados de los centros urbanos. Esto se indica con el término «desierto», que no necesariamente se entiende un lugar inhabitado y estéril, sino más bien un sitio distanciado de las grandes concentraciones humanas; es el lugar solitario que Jesús busca también para descansar, instruir a la gente y a los discípulos, y orar.
           
           

2.- Mensaje.- Juan  proclama una intervención de Dios al final de los tiempos para abrir la historia a unas nuevas posibilidades de vida que destierren el pecado, la muerte, la injusticia y la esclavitud. En este «final de los días», o en este «detrás de los días» se dará una situación en la que se inaugurarán «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Is 65,17) a partir de un juicio divino. En primer lugar, el mundo nuevo  entraña la paz/plenitud, es decir, poseer salud y una buena familia, un trabajo que dé de comer a todos, unas relaciones sociales y poder ir al templo para orar a Dios y ofrecerle sacrificios. En segundo lugar, la novedad de la vida nueva lleva consigo que Dios se abra al corazón humano para purificarlo, para salvarlo; y dialogue con el pueblo para que Israel sea fiel y cumpla la Alianza.  Por último, que se experimente la amistad, las relaciones interpersonales y comunitarias para que la persona alcance su plenitud en el amor y consideración de los valores de los demás. Son el contenido de la promesa y de la esperanza que anida desde hace mucho tiempo en Israel.


           
            3.- Acción. La vida y la palabra de Juan forman una unidad inseparable. Pide desandar el camino de la comodidad y la búsqueda de sí mismo, y lo muestra con su vida; exige que la vida se oriente hacia Jesús. Él es el que vendrá pronto para dar al hombre todo lo que necesita para alcanzar su dignidad: pan, agua, formación, salud, familia, amistad, relación viva con el Señor, alabarlo en su templo, apreciar y ser apreciado por el pueblo. Jesús lo ha iniciado con la presencia de reino en los pueblecitos de Galilea y con otros modales: visita las ciudades, come y bebe con la gente, se mezcla con ella y experimenta sus esperanzas, sus problemas, sus gozos y pesares, crea lazos de humanidad. Baja al Señor de su trono y lo sirve a sus conciudadanos con el perdón de los pecados, la relación pacífica. Y al final de su vida, nos da el Espíritu para que continuemos su obra. Es nuestra responsabilidad cristiana tanto individual como colectiva. Es el único camino que ahora tiene el Señor para cambiar la historia humana.


                                          


Santos y Beatos, del 1 al 7 de diciembre

DICIEMBRE
1 de diciembre
Antonio Bonfadini (1400-1482)
            El beato Antonio nace en Ferrara (Emilia Romagna. Italia) hacia el año 1400; pertenece a la familia Bonfadini. Una vez graduado en la Universidad, ingresa en la Orden en el año 1437, en la fraternidad de Santo Espirito de Ferrara. Después de cursar los estudios teológicos, es ordenado sacerdote y se dedica a la evangelización en el nombre de Jesús, impulsado por el ejemplo de San Bernardino de Siena. Pronto adquiere las costumbres de la vida franciscana: espíritu de oración, predicación acompañada del testimonio evangélico, cuyos símbolos franciscanos en este tiempo son, además de San Bernardino, San Jaime de la Marca y San Juan de Capistrano. Viaja a Tierra Santa, siguiendo las huellas de San Francisco. Después de su estancia en la tierra del Señor, prosigue la predicación por las ciudades y pueblos de Italia. Muere en el hospital de los Peregrinos de Cotignola (Ravena) el 1 de diciembre de 1482. El papa León XIII aprueba su culto el 13 de mayo de 1901.
                        Común de Pastores o Santos Varones
            Oración. Dios providente, que consagraste este día con la fiesta del beato Antonio, concédenos, por tu bondad, mantener con firmeza y consolidar con obras la fe queÉl proclamó infatigablemente. Por nuestro Señor Jesucristo.


1.1 de diciembre
María Rosa de Jesús (1917-1972)
            La beata María Rosa nace en Prignano sulla Secchia (Módena. Italia) el 11 de noviembre de 1917. El 27 de agosto de 1940 ingresa en las Religiosas Franciscanas de San Onofre en Rímini. Profesa el 25 de septiembre de 1942. Se dedica a la enseñanza en la escuela Santa Ana, de Rímini, y luego en la escuela parroquial Pro Patria, en Ferrara. El 22 de julio de 1945 abre una guardería en Tamara. Enferma de tuberculosis ingresa en el hospital Santa Ana de Ferrara. Padece la enfermedad durante 27 años. Se une a Jesús crucificado, y ayuda a los enfermos a vivir el dolor desde el amor a Dios y a los hermanos. Se muestra siempre con alegría, paz y serenidad. El 16 de julio de 1946 se consagra a la Virgen. Repite la consagración el 8 de diciembre de 1961. Muere el 1 de diciembre de 1972. El papa Benedicto XVI la beatifica el 29 de abril del año 2007.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Señor y Dios nuestro, que prometiste habitar en los limpios de corazón, concédenos, por la intercesión de la beata Rosa María, virgen, ser de tal manera fieles a tu gracia que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.


2 de diciembre
Ángela María Astorch (1592-1665)
            La beata Ángela María Astorch nace en Barcelona (Cataluña. España) el 1 de septiembre de 1592. Muy joven ingresa en la fraternidad de las hermanas Clarisas Capuchinas de la misma ciudad. Profesa el 8 de septiembre de 1609. En 1614 es destinada a Zaragoza con la responsabilidad de maestra de novicias. En 1628 es elegida abadesa, cargo que ejerce hasta 1637. En 1645 viaja a la fundación de las Clarisas Capuchinas de Murcia. Es abadesa y maestra de novicias durante 16 años. Acoge en la comunidad a la hermana del escultor Francisco Salzillo, por cuya intercesión esculpe a Santa Clara, obra maestra de la imaginería clariana. Sirve a los pobres y enfermos en la peste de 1648 y en la inundación de 1651. La piedad de María Ángela se centra en la persona y en el misterio de Cristo, sobre todo en su pasión y muerte. Muere el 2 de diciembre de 1665. El papa Juan Pablo II la beatifica el 29 de mayo de 1982.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Oh Dios, rico para todos los que te invocan, que adornaste a la beata María Ángela, virgen, con el don de penetrar de modo inefable en el tesoro de tus riquezas mediante la diaria liturgia de alabanza: concédenos, por su intercesión, dirigir a ti de tal manera nuestras acciones, que seamos alabanza de tu gloria en Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.


2.1 de diciembre
Rafael Chylinski (1694-1741)
            El beato Rafael Chylinski nace en Wysocko (Poznam. Polonia) el 8 de enero de 1694. Terminados sus estudios en Poznam, ingresa en el ejército en 1712. Tres años después entra en la Orden de los Menores Conventuales en el convento de Cracovia. Estudia filosofía y teología; es ordenado sacerdote en 1717 y se entrega a la evangelización, al cuidado de los enfermos y a la ayuda a los pobres, principalmente en Lagiewniki, cerca de Lodz. Lleva una vida de intensa oración y extrema penitencia; siente una devoción especial a la Virgen María. Cuida a los apestados en Cracovia y Lagiewniki, preparándolos a bien morir. Después de una larga enfermedad, muere en Lagiewniki, el 2 de diciembre de 1741. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 9 de junio de 1991, en Cracovia.
                                   Común de Pastores o de Santos Varones
Oración. Oh Dios y Padre nuestro, que concediste al beato Rafael Chylinski, presbítero, la gracia de seguir a Cristo pobre y humilde y socorrer a los pobres y enfermos, haz que, por su intercesión, sirvamos con generosidad a los hermanos, para obtener así tu bendición en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 de diciembre
Francisco Javier (1506-1552)
            San Francisco Javier nace en el castillo de Javier (Navarra. España) el año 1506. Ingresa en París en la Compañía de Jesús. El año 1541 marchó al Oriente y evangeliza India y Japón. Muere el año 1552 en la isla de Sancián, a las puertas de China.
                                               Común de pastores
            Oración. Señor y Dios nuestro, tú has querido que numerosas naciones llegaran al conocimiento de tu nombre por la predicación de San Francisco Javier; infúndenos su celo generoso por la propagación de la fe, y haz que tu Iglesia encuentre su gozo en evangelizar a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.


4 de diciembre
Juan Damasceno (ss. VII-VIII)
            San Juan Damasceno nace en Damasco. Después de prepararse en Filosofía, ingresa en el monasterio de San Subas, próximo a Jerusalén. Escribe contra los iconoclastas. Muere a mediados del siglo VIII. Es doctor de la Iglesia.
                                   Común de doctores de la Iglesia
Oración. Te rogamos, Señor, que nos ayude en todo momento la intercesión de San Juan Damasceno, para que la fe verdadera que tan admirablemente enseñó sea siempre nuestra luz y nuestra fuerza. Por nuestro Señor Jesucristo.
5 de diciembre
Pedro de Siena (1289)
            El beato Pedro nace en Campim (Siena. Italia). Se dedica a la fabricación y comercio de peines, de ahí el epíteto de “pettinaio” que siempre acompaña su nombre. Comienza a santificarse en el ejercicio de su profesión. Es tan justo y serio en las relaciones comerciales, que la gente lo busca por doquier. De hecho tiene que ir a las ferias después de las vísperas, para no arruinar a sus competidores. Desposado, y sin hijos, lleva una vida familiar perfecta, según los valores evangélicos. De una vida religiosa profunda, frecuenta a los enfermos del hospital de Santa María de la Scala, curando sus heridas y besando sus llagas. Vende sus bienes y los distribuye entre los pobres. Vive en una habitación junto a la Puerta dell’Ovile. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar. En 1282 se encarga de escoger entre los detenidos de las prisiones a cinco hombres entre los menos culpables para ser liberados y distribuir el dinero a los pobres destinado por el Ayuntamiento. Después de una grave enfermedad, obtiene el permiso para vivir en una celda del convento de los franciscanos. Adquiere el don de la prudencia, siendo llamado el “Santo del silencio”. Muere el 4 de diciembre de 1289. El papa Pío VII concede en su honor oficio y misa el 2 de enero de 1802.
                                               Común de Santos Varones
Oración. Dios misericordioso, por la gloria del beato Pedro nos ofreces el supremo testimonio de tu amor; concédenos, por tu bondad, que ayudados por su intercesión y estimulados por su ejemplo imitemos fielmente a tu Hijo. Que vive y reina contigo.
7 de diciembre
Ambrosio (340ca.- 397)
San Ambrosio nace en Tréveris, hacia el año 340. Estudia en Roma. El año 374 es elegido obispo de Milán. Muere un Sábado Santo, el 4 de abril del año 397.
                                   Común de doctores de la Iglesia

            Oración. Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo San Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Medio ambiente

                 San Francisco de Asís, un modelo de solidaridad con                                                      la naturaleza y el medio ambiente





Francisco López Bermúdez
Facultad de Letras
Universidad de Murcia


           
La reciente encíclica Laudato SI del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común (la Tierra en la que vivimos),  comienza con el Cantico a las Criaturas, la bella oración  de San Francisco calificada como la expresión más completa y lírica del alma y de la espiritualidad del autor. Algunos quizás vean en Francisco de Asís un romántico de la naturaleza, un sentimental que tenía una visión cándida del ambiente que le rodeaba, sin embargo, era  la búsqueda  y el compromiso por la armonía con la naturaleza y la fraternización universal  por lo que Francisco clamaba. En el Universo que nos envuelve con su majestuosidad y grandeza  y, en la naturaleza,  era    donde  Francisco encontraba  la sencillez, la  armonía, la perfección  y la belleza en su estado más puro.  Francisco  en su Cántico  puso de manifiesto una profunda reconciliación entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, entre el universo y Dios. Se trata del canto de un hombre que durante toda su vida luchó para lograr más fraternidad entre sus conciudadanos y para que se hiciera visible la humanidad de Dios. Francisco aprendió  a contemplar los seres vivos y las cosas de una forma  sencilla y fraterna. Dejó de verlos desde el ángulo de su valor comercial, como se hacía en su tiempo y se sigue haciendo hoy, para considerarlos criaturas de Dios y, por lo tanto, dignos de interés por sí mismos. Francisco cantó para mostrar a los hombres de su tiempo (y a los de ahora) la importancia vital de los recursos de una  tierra fraternal liberada del dominio del dinero y de toda servidumbre.
           
La actitud fraterna de Francisco ante los humanos  y los demás seres de la naturaleza nace y se fundamenta en una raíz y sensibilidad profundas, basadas  en el conocimiento y valor que daba a todos los componentes de la naturaleza para la vida (lo que hoy llamamos biodiversidad), que le lleva a una comunión intensa con todos los seres vivos,  comprendiendo que todos  son  hermanos nacidos del mismo amor del Creador: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Y por el aire, las nubes y la calma”. Nada hay que  iguale los recursos  que la “madre tierra” ofrece y regala con tanta abundancia. Sin embargo, el  depredador e insostenible sistema económico neoliberal dominante, aquellos que tienen más recursos y poder económico y político, sus modos de entender la economía, la actividad comercial y productiva, han originado un deterioro de gran parte de los ecosistemas de la  tierra, de la calidad de vida de centenares de millones de personas, la acentuación de las desigualdades  y la pobreza en el mundo. Hoy los grandes problemas y desafíos a los que se enfrenta la humanidad son: El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desertificación, la pobreza y las migraciones, problemas globales con grandes dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas como recoje la Encíclica Laudatio del papa Francisco.  La intensidad de las acciones  humanas para el aprovechamiento sin límites de los recursos de la tierra, que todo esté  al servicio del mercado, de las finanzas y del consumismo, tiene altos costos medioambientales y provocan el gemido de la hermana tierra que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un camor que reclama otro rumbo (Encíclica Laudato), y está haciendo que la tierra en la que vivimos se esté haciendo menos variada, rica y bella que aquella  salida de la mano del Creador y en la que vivió San Francisco allá por el siglo XII. 
           
En la actualidad  puede constatarse que entre el hombre y la naturaleza hay una relación de posesión, de dominio, más que de respeto y cercanía La civilización del tener ha cambiado la cultura del ser y la misma existencia humana. Nuestra relación con el mundo es de posesión y de propiedad más que de empatía  y de contemplación. Por lo que Francisco nos exige, si queremos compartir fraternalmente con las cosas y los seres de la creación, levantar la voz contra toda explotación que destruya, dañe y empobrezca nuestro planeta y, a la vez,  promover entre los hombres el estilo de sobriedad y el progreso sostenible, indispensables para no empobrecer irremediablemente nuestro planeta. San Francisco de Asís, ofrece el ejemplo de un respeto autentico y pleno por la integridad de la creación, su legado  consiste en enseñarnos que debemos repensar nuestro lugar en el orden creado, de modo que el bienestar humano está  integrado en el valor y necesidad  de una naturaleza y  medio ambiente saludables. Para él, era vital entender la relación entre la humanidad y toda la creación.
           
Naturalistas, conservacionistas, ecologistas cristianos y otros, ven en Francisco un modelo de solidaridad con la naturaleza, un testigo de la fe que supo  vivir con autenticidad la actitud cristiana de acercamiento fraterno con todo lo creado, por ello, fue proclamado  “patrono de los ecologistas” por Juan Pablo II el 9 de noviembre de 1979. La figura de Francisco, para muchos, es el precursor de una nueva democracia universal de tipo eco-socio-cósmica.  Ejerció fascinación en  los hombres de su tiempo y también en los hombres  del pasado siglo y del actual, por  su  modo de conocer, valorar y respetar todos los componentes de la naturaleza, por transmitirnos la belleza que encierra el cosmos, por  la práctica de una  fraternidad universal  y por su profunda espiritualidad. Hoy, en un mundo depredador de los  recursos de la tierra, generador de peligrosos impactos ambientales y de acentuación de las desigualdades, si se aprecia, acepta y valora el mensaje de Francisco, parece  imprescindible practicar una cultura que cuide de la naturaleza y respete el medio ambiente, pues como humanos somos parte de ellos. 



Libros: Fe y ateísmo


                                   Fe cristiana y ateísmo del siglo XXI

                                 Gerardo de Pozo Bajón e Ignacio Serrada Sotil (Eds.)



Pilar Sánchez Álvarez
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

                          El texto recoge las conferencias del Curso Fe cristiana y ateísmo del siglo XXI de la Facultad de Teología, de la Universidad  Eclesiástica de San Dámaso en el marco de los XXVII Cursos de verano de la Universidad Complutense celebrados desde el 30 de junio al 2 de julio de 2014.
                     Los editores escriben en el prólogo: "Y también el testimonio de un ateo nos afecta a los cristianos y nos obliga a escuchar, reflexionar y meditar". Siguiendo su lectura hay algunos puntos interesantes.
            ¿Fue alguna vez un cristiano acusado de ateo? Hoy nos puede parecer esto imposible, porque como cristianos nos consideramos creyentes del verdadero Dios. Pero hay que recordar el punto de vista cultural diferente  en ambientes históricos diversos.
            Los primeros cristianos, en los inicios del cristianismo, eran considerados ateos, y los romanos los tenían como una secta insignificante de los judíos. Tertuliano (Apologética 21) afirmaba que los cristianos vivían como a la sombra de una insigne religión, sin duda lícita. Atenágoras, en la Súplica a los emperadores, los acusó de ateos, antropófagos y de practicar el incesto.
           
Tanto los judíos como los cristianos eran acusados de venerar la imagen de un asno, de un carnero o de un buey (Tácito, Historias 5,4) o de odiar a todos los hombres (Tácito, Historias 5,5),;  o bien que eran ateos porque no adoraban a los dioses imperiales (Flavio Josefo, Contra Apión, 2.6; Plinio. Historia sobre la naturaleza humana, 13,4,46).
            Más tarde Galeno (Pedro Laín Entralgo, El cristianismo primitivo y la medicina, Alicante 2012) reconoce que los cristianos asumían actitudes propias de auténticos filósofos, al llevar una vida austera alejada de las pasiones, e incluso que afrontaban la muerte sin miedo. 
             Analizando lo anterior me pregunto:¿Qué lección podemos  concluir de estos datos? 
            En primer lugar que cuando no se conoce una cosa, se puede inventar todo tipo de infamias: cristianos como antropófagos, ateos, etc.
            En segundo lugar, que aunque no se compartan las mismas ideas, se debe reconocer lo bueno y lo verdadero que existe en los  demás. Conocerlas, para clarificar las propias.
            Hoy, según González de Cardedal (Meditación Teológica desde España, Salamanca, 1970,141) “el ateísmo colectivo constituye uno de los elementos determinantes de la conciencia contemporánea”.
            Esta postura no solo afecta a los demás, sino al propio cristiano, no a las dudas aisladas surgidas en cualquier momento, sino a la sensación de la inutilidad de la creencia y la duda permanente sobre la existencia de Dios.
         
           Ante estas posturas caben dos soluciones: seguir esa sensación y negar a Dios o bien, acogerlo como don y tarea.
          La mayoría de las personas no elige ninguna de ellas, porque optan por una solución intermedia, acogen a Dios, pero lo degradan hasta convertirlo en un ídolo.
          
Es decir,  aunque los cristianos tengamos una fe firme y creamos en el Dios Amor y Misericordioso como el Bien supremo, La Verdad suprema y la Belleza suprema, debemos por ese mismo amor y misericordia, así como por honestidad intelectual, conocer los ateísmos del siglo XXI, analizar  las críticas que se nos hace, reflexionar sobre ellas, poner soluciones si existen, y sobre todo respetar a todos, acogiéndolos como hermanos, aunque defendiendo la esencia cristiana sin caer en el  relativismo  que tanto daño está haciendo actualmente, y que, si seguimos por este camino, es posible  que en tiempos venideros podamos ser  acusados de “ateos”, con toda propiedad y razón, porque quizás,  no dejamos a Dios ser Dios, sino que hacemos   de Dios un  ídolo a nuestra medida.


lunes, 23 de noviembre de 2015

¡Ven, Señor Jesús!

                                                                 I ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 21,25-28. 34-36

            En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo, temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
            Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
            Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.


           
1.-  Comenzamos el tiempo en el que nos preparamos para celebrar el gran don del Señor: el nacimiento de su Hijo, pues  «tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).  Y con la memoria de Belén, recordamos la segunda venida de Jesús al final de los tiempos, y en los términos que escuchamos el domingo pasado: para desvelar cómo y cuánto hemos amado a los necesitados. Jesús no sabe cuándo vendrá de nuevo; él desconoce  el momento  del fin del mundo, pero es cierto que el encuentro individual con el Señor será en nuestra muerte. Esta se nos puede presentar de improviso; o esperada por la gravedad de  nuestras enfermedades, por los años que hemos cumplido, etc. La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿estamos preparados y despiertos?; es decir, ¿«de pie» para el encuentro con el Señor? El encuentro con el Señor será la luz de la mañana,  que sigue a la noche de nuestra vida, donde tanteamos el bien, hacemos el mal sin darnos cuenta, y dormimos mucho siendo inconscientes de la gente que nos necesita. Por eso, debemos estar despiertos y de «pie».

           
2.-  Jesús se dirige a los discípulos para que estén preparados para el encuentro final con él. No deben distraerse con los asuntos banales de nuestra vida, pues hay que comunicar a todos los pueblos la esperanza de que el Señor vuelve para salvarnos, para sacarnos de los infiernos que hemos creado entre todos en esta vida. El Señor nos dirá al final de los días que nuestra vida individual y colectiva no es un sufrimiento sin fin, o una paz y amor interesados, o una libertad experimentada a costa de la esclavitud de mucha gente, o una autonomía conseguida por el dinero, dinero del que no todo el mundo puede disponer. Por eso, la Iglesia no se puede parar en la historia; no puede esconderse en un castillo o en un palacio y ver pasar los acontecimientos que angustian o alegran a los hombres, sin participar en sus tristezas y gozos. Si hemos sido salvados en esperanza (cf. Rom 8,24), dicha esperanza hay que proclamarla hasta el confín de la tierra. La Iglesia no se puede dormir; no puede recibir al Señor ausente de la vida de los hombres; o siendo una desconocida en los espacios donde se da la soledad, la enfermedad, el hambre, la injusticia, la esclavitud.

       

3.- Lucas nos recuerda dos actitudes en este tiempo de adviento. Debemos estar atentos a los hechos y acontecimientos que favorecen nuestra vida, alejarnos de los que nos distraen y embotan nuestra mente, que no siempre es el alcohol, y enfrentarnos a los que nos hacen daño. Para eso hay que saber del amor, que es el criterio que discierne lo bueno y lo malo. Tenemos la vida muy llena; con muchas tareas por delante, sobre todo los que debemos sacar una familia adelante y los que estamos jubilados, con mil ocupaciones al día. Hay que estar atentos al Señor que está presente en nuestra vida, y si le abrimos el corazón su influencia será cada vez más intensa hasta el encuentro definitivo con Él.— Después debemos orar. Debemos atender al Señor y descubrir su existencia en nuestra vida por medio de la oración. Así no tendremos sorpresa alguna cuando nos encontremos con él en nuestra muerte. Hay que introducir al Señor en nuestra conciencia, en nuestra intimidad, y desde ahí recibir y experimentar la relación de su amor que nos mantiene vivos, despiertos, vigilantes ante cualquier distracción o sueño intespectivo. Y, por otro lado, salir fuera de nosotros para cambiar a las personas, para transformar las situaciones e instituciones y provocar que su llegada se adelante al conseguir que la vida sea más humana.
       


I Adviento (C)

                                                                     I ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 21,25-28. 34-36

            En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
            Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
            Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

             
  1.- Texto. El Hijo del Hombre se comprende en los Evangelios para este tiempo futuro como un juez que vendrá «con la gloria de su Padre y acompañado de sus santos ángeles» (Mc 8,38par; 13,27par). Y responde a una de las primeras aclamaciones de los cristianos cuando experimentan la resurrección de Jesús: a la afirmación « ¡Señor Jesús!» (1Cor 12,3), cuando se solicita su vuelta a la historia para clausurarla, se responde: «¡Marana tha!» « ¡Ven, Señor!» (1Cor 16,22). Por consiguiente, el Hijo del hombre, como juez poderoso (cf. Mc 8,38par), vendrá en el futuro para inaugurar la etapa última de la historia de la salvación: «Llegarán días en que desearéis ver uno de los días de este hombre y no lo veréis [...] Lo que sucedió en tiempos de Noé sucederá en tiempo del Hijo del hombre [...] Así será el día en que se revele el Hijo del hombre» (Lc 17,26-30). El regreso para juzgar es inesperado, aunque sea seguro: «Pero vosotros estad preparados, pues cuando menos lo penséis, llegará el Hijo del hombre» (Lc 12,40). Sin embargo no hay que inquietarse por el retorno imprevisto. El cristiano no debe desequilibrarse en las responsabilidades de la vida cotidiana si camina con la confianza de que Dios saldrá en defensa de sus hijos (cf. Lc 18,8).

       
2.- Mensaje. Comienza el Año Litúrgico con la preparación de la celebración del nacimiento de Jesús. Y con esta ocasión, la Liturgia nos recuerda la segunda venida, cuando el Señor vendrá en su gloria para desvelar la verdadera historia colectiva y personal de todas las generaciones humanas. Por eso, el Evangelio  avisa de «estar despiertos». Estar vigilantes implica a los dos protagonistas de la salvación humana. El primero es el Señor con su actitud de bondad, y de bondad misericordiosa, que desea siempre el encuentro definitivo con todos para que sus criaturas, que son sus hijos en su Hijo Jesús, puedan alcanzar la felicidad eterna. El otro protagonista es el ser humano, tanto individual como colectivo. Y la actitud es la apertura del corazón a Él para saber de su amor permanente, y la apertura amorosa a los demás para contribuir a la construcción del Reino en la historia, cuya responsabilidad única recae sobre la libertad del hombre, de la sociedad y de la cultura que crea y transmite.
       
       

3.-Acción.  La mayoría de la gente pasa la vida elaborando proyectos que  hacen trabajar, soñar, ilusionarse. La sociedad, la familia, cada persona alberga en su corazón la íntima convicción de que será más que la generación anterior, porque poseerá más medios para vivir y disfrutar los bienes que exhiben otros ante nuestros ojos: salud fuerte, familia estable, trabajo digno, amigos fieles y reconocimiento social. Se espera  la autonomía suficiente para hacer lo que se desea en cada época de la vida. Esto es bueno, si estas esperas básicas de todos los hombres se introducen en la esperanza que vehicula las realidades eternas. Es decir, los sueños que hacen tener más cosas, se haga más justicia, se experimente más libertad, más gozo, se integran en la relación de amor con el Señor, que es el que da el sentido y el valor último a cada espera, que no es otro que la vida feliz  para siempre. Porque se sabe que, o se alcanza lo que se desea, o se frustra la persona; o si se alcanza, se espera tener más; o, al cumplir años, se cambia el sentido del gozo y de la posesión.  Toda la vida es un caminar insaciable, o conformista, pero que en cualquier momento puede desaparecer. Hay que introducir la vida con todas sus conquistas en la esperanza de eternidad; en la esperanza de lo que de ella permanece para siempre, que no es otra cosa que su dimensión de amor.