domingo, 13 de abril de 2014

Santos: 16-20 abril

                                                                   16 de abril

Benito José Labre (1748-1783)

           

          San
Benito José Labre, Cordígero de la Orden Franciscana Seglar, nace el 26 de marzo de 1748 en Amettes (Francia), hijo de Juan Bautista Labré y Ana Grandsire. A los doce años vive con su tío Francisco José Labre, sacerdote en Erin. Estudia las ciencias eclesiásticas, pero no se siente llamado al sacerdocio, sino a la vida contemplativa. Al morir su tío en 1766, y después de varios intentos de ingresar en la Trapa y los Cartujos, viaja a Italia para continuar su vida de penitencia en medio de la gente y visitar como peregrino los lugares santos del Catolicismo. Y lo hace Benito con un abrigo viejo, un rosario al cuello y otro entre sus dedos y con sus manos abrazando un crucifijo que llevaba al pecho. En una bolsa lleva el Nuevo Testamento, el breviario y la Imitación a Cristo. Así visita Loreto, Asís, Nápoles, Bari, Fabriano, etc.,  en Italia, Einsiedeln en Suiza, Compostela en España y Paray-le-Monial en Francia. Los últimos seis años de su vida los pasa en Roma, de donde salía solo una vez al año para peregrinar a Loreto. En Roma duerme en el Coliseo y visita las iglesias. Muere el 16 de abril. Es enterrado en la iglesia de Santa María dei Monti. El papa León XIII lo canoniza el 8 de diciembre de 1881.

                                          Común de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que concediste a San Benito José unirse a ti por el camino de la humildad y el amor a la pobreza, concédenos, por sus méritos, sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                           Lecturas

                        «Y dieron más de lo que yo esperaba: se dieron a sí mismos»

            Estas letras responden a la colecta que Pablo está haciendo para los pobres de Jerusalén. La comunidad de Corinto pone como ejemplo a los cristianos de Macedonia. Ellos, siendo muy pobres, dieron lo más valioso: sus propias vidas. La generosidad que proviene de una caridad sincera, tiene su raíz en Cristo Jesús: siendo rico se despoja de su rango y se hace pobre como nosotros. La itinerancia que lleva Jesús por su vida de Palestina tiene un paso previo y de más valor: salir de su gloria para venir al mundo con una pobreza que se transforma en riqueza para los que creen en él.


            Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios         8,1-9

           
Salmo responsorial                                                   Sal 33,2-3.4-5.6-7

            La historia humana está llena de peligros por doquier. Su origen son personales, familiares, sociales, institucionales, culturales, etc. El creyente debe caminar en la vida confiando en el Señor; Él le irá librando o le defenderá de los males que afligen al hombre y orientará su existencia exclusivamente desde el amor.


            V. El Señor libra a los justos de todas sus angustias.
            R. El Señor libra a los justos de todas sus angustias.

           
Aleluya                                                                      Jn 17,17

            Aleluya. Aleluya.
            «Tu Palabra, Señor, es verdad; santifícanos con la verdad».
            Aleluya.


            Evangelio

                        «Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo»

            La fe cristiana es un don de Dios que se refleja en las actitudes que conforman los sentidos de la vida. Y estas actitudes son las que deben originar los actos de bien, de ayuda, de limosna. De ahí que Jesús critique una piedad exclusivamente externa, de labios hacia afuera, sin que tenga la más mínima repercusión en el corazón del hombre. Es como si Dios estuviera cansado de escuchar su nombre y no encontrase a nadie que dialogase con Él con sinceridad y le amase con la libertad y gratuidad que caracteriza su amor con los hombres.


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas  11,37-41

           
Para meditar

            «Los hermanos nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y como peregrinos y advenedizos (cf. 1Ped 2,11) en este siglo sirviendo al Señor en pobreza y humildad vayan por limosna confiadamente, y no deben avergonzarse, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo (cf. 2Cor 8,9). Ésta es aquella eminencia de la altísima pobreza, que a vosotros, carísimos hermanos míos, os ha constituido herederos y reyes del reino de los cielos, os ha hecho pobres de cosas, os ha sublimado en virtudes (cf. Sant 2,5). Ésta sea vuestra porción, que conduce a la tierra de los vivientes (cf. Sal 141,6). A la cual, amadísimos hermanos, adhiriéndoos totalmente, ninguna otra cosa por el nombre de nuestro Señor Jesucristo jamás queráis tener debajo del cielo» (San Francisco, RegB 6,1-6).


                   18 de abril

            Andrés Hibernón (1534-1602)


            
            El beato Andrés Hibernón nace en Murcia (España) el año 1534, hijo de Ginés Hibernón y María Real, aunque vive y reside en Alcantarilla, ciudad perteneciente a la provincia de Murcia. Ejerce el oficio de pastor en Valencia y de administrador de D. Pedro Casanova, Regidor de la ciudad de Cartagena y Alguacil Mayor del Santo Oficio. Ingresa en el convento de Albacete de la Provincia Observante de Cartagena el día 31 de octubre de 1556 y profesa el 1 de noviembre de 1557. Es recibido en el convento de los Descalzos de San José de Elche (Alicante) por el padre Fray Alonso de Llerena, Guardián de dicho convento y, a la vez, Custodio Provincial de la Provincia Descalza de San Juan Bautista de Valencia. Es el año 1563. Desempeña los oficios de cocinero y hortelano, portero y limosnero. Reside en Valencia, Jumilla, etc. Es coetáneo de San Pascual Bailón, hermano de hábito y de la misma provincia franciscana. Sobresale por su humildad y sencillez, además por su espíritu de oración y amor a la Eucaristía. Muere en el convento de San Roque de Gandía (Valencia) el 18 de abril de 1602. Sus restos reposan en la Catedral de Murcia. El papa Pío VI lo beatifica el 22 de mayo de 1791.

                                                        Común de Santos Varones

                                                                         
            Oración. Señor, tú que otorgaste al beato Andrés Hibernón la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este bienaventurado, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación, para que así tendamos a la perfección que tú nos has propuesto en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
            Lecturas

                        «A los que aman a Dios todo les sirve para el bien»
           
            No obstante la debilidad del hombre, mostrada poco después de ejercer su libertad, Dios se mantiene fiel a su criatura. Ha enviado a su Hijo para salvarnos, para ser el primogénito de todos los hombres a los que llevará a la gloria divina y el que envía el Espíritu, la relación de amor de Dios con sus hijos, para que los conduzca al seno del Padre (cf. Jn 16,5-15; Gál 4,6). Y el Espíritu es el que crea las virtudes teologales, creer, esperar y amar, en los cristianos para unirse a Dios por medio de su hermano Jesucristo (cf. Rom 5,5).


            Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos            8,26-30


            Salmo responsorial                                       Sal 54,7-8.9-10a.10b-11.23

            Mirar hacia arriba, elevar el corazón y encomendar todos los afanes de la vida a Dios, supone caminar con serenidad en la historia, lo que lleva consigo superar tantos males que afligen al hombre, y mantener la humildad, es decir, la verdad de ser criaturas en la existencia humana.


            V. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
            R. Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

            Aleluya                                                          Ap 2,10

            Aleluya. Aleluya.
            «Sé fiel hasta la muerte, dice el Señor,
y te daré la corona de la vida»
            Aleluya.


            Evangelio

«Lo que has acumulado, ¿de quién será?»

            No entra dentro de la misión de Jesús dirimir pleitos. Los hombres ya tienen los tribunales para resolver esto. Sin embargo, el nivel de la justicia está asentado sobre el nivel del amor, que cubre todo el espacio donde se asienta la realidad creada (cf. 1Cor 6,1-11). Es el amor, que no el egoísmo del hombre y las cosas materiales, el que da el fundamento de la vida. La salvación consiste en una relación de amor: la que mantenemos con Dios y que abarca a toda humana criatura, transformándola en hermana (cf. Mt 6,19-21; Ap 3,17-18). Los bienes dan una cobertura al hombre tan corta como el tiempo de su existencia, y tan débil como muestra su incapacidad de salvarse definitivamente; la muerte puede con ellos; con los bienes y con los que los poseen.
           

             Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12,13-21

Para meditar

            «Amonesto en verdad y exhorto en el Señor Jesucristo que se guarden los hermanos de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia (cf. Lc 12,15), cuidado y solicitud de este siglo (cf. Mt 13,22), detracción y murmuración; y no se cuiden los que no saben letras de aprender letras; sino que atiendan a que sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar siempre a Él con puro corazón y tener humildad, paciencia en la persecución y en la enfermedad, y amar a los que nos persiguen y reprenden y acusan, porque dice el Señor: “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen y calumnian” (Mt 5,44). “Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,10). “Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo” (Mt 10,22)» (San Francisco, RegB 10,7-12).


                                                                         19 de abril

               Conrado de Áscoli  (1234-1289)


            El  beato  Conrado nace el 18 de setiembre de 1234 en Áscoli, Piceno (Italia); pertenece a la familia Miliani. Estudia en el Sacro Convento de Asís y en Perusa. Enseña en Roma. Cuando su compañero de profesión y de estudios, Jerónimo Masci, es elegido General de la Orden, le da licencia para ir a misiones a Libia y explorar la Cirenaica. Regresa a Roma en 1278; a los dos años viaja a París, donde enseña Teología en la Universidad. Cuando Jerónimo Masci lo eligen Papa con el nombre de Nicolás IV, lo nombra su asesor. De viaje a Roma, enferma en Áscoli, se hace colocar en el suelo, como San Francisco, y se duerme en paz con el Señor a los 55 años de edad. Es el 19 de abril de 1289. Nicolás IV le levanta un mausoleo en San Lorenzo delle Piagge. Después, el 28 de mayo del año 1371, su cadáver es trasladado a la iglesia de San Francisco. El papa Pío VI concede Oficio y Misa en su honor el 30 de agosto de 1783.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor, Dios nuestro, que has querido infundir en el  beato Conrado de Áscoli tu admirable sabiduría, concédenos, por su intercesión, permanecer siempre fieles a tu revelación. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lecturas

            «Nunca me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo y éste crucificado»

            San Pablo funda su apostolado en una sabiduría que no nace exclusivamente del conocimiento humano, que en él tiene raíces judeohelenistas. Es la sabiduría de Dios que transmite el Espíritu Santo, y consiste en experimentar a Jesús como Hijo de Dios, revelador del Padre y Salvador. Un mensaje, que ofrece la salvación total al hombre en el más acá y en el más allá, no puede estar fundado en conceptos humanos, sobre todo porque la historia en la que se asienta la salvación termina en la cruz, que es un escándalo, y en la resurrección, que es la potencia amorosa de Dios, para lo que es necesaria la fe.


            Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios          2,1-10

           

Salmo responsorial                                                    Sal 36,3-4.5-6.30-31

            El justo transmite la voluntad de Dios. Lo aprende en la oración y la comunica con la sabiduría, sabiduría que es participada de la misma sabiduría divina. La experiencia del Señor hace que la bondad y el saber se relacionen. Ellas hacen del justo el creyente que camina en la ley del Señor y verifique en su vida la salvación que entraña.

            V. La boca del justo expone la sabiduría.
            R. La boca del justo expone la sabiduría.

           
Aleluya                                                                                              1Cor 2,7

            Aleluya. Aleluya.
            «Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa,
 predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria».
            Aleluya.

                                                           Evangelio

                                   «El grano cayó en tierra buena»

            Jesús recorre los pueblecitos de Galilea predicando el Reino, sembrando la Palabra en las vidas de sus oyentes. La respuesta que recibe de su ministerio no es toda igual; hay diferentes respuestas a la siembra que hace de la Palabra, pues ésta siempre ha tenido un poder transformador en la vida de los oyentes (cf. 1Sam 9,17; Jer 23,29; Mt 8,8). Hay personas que no hacen caso a Jesús; otras que se entusiasman sin dejar que cale en el corazón, y, finalmente, hay quienes escuchan la Palabra y le son fieles en los sentimientos y en los hechos. La salvación ahora depende de nuestra respuesta al amor salvador del Señor.


            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4,1-10


Para meditar
            «San Buenaventura expone algunos argumentos contra el hacer teología, tal vez extendidos asimismo entre una parte de los hermanos franciscanos y presentes también en nuestro tiempo: la razón “vaciaría” la fe; sería una actitud violenta hacia la Palabra de Dios; debemos escuchar —y no analizar— la Palabra de Dios. A esos argumentos contra la teología, que demuestran los peligros que en ella se encierran, responde San Buenaventura: es verdad que existe una forma arrogante de hacer teología, una soberbia de la razón, que se pone por encima de la Palabra de Dios. Pero la verdadera teología, la labor racional de la teología buena y verdadera, tiene un origen distinto de la soberbia de la razón. Quien ama quiere conocer cada vez mejor y cada vez más a su amado; la verdadera teología no emplea la razón y su búsqueda motivada por la soberbia, “sino por el amor de aquel a quien ha dado consentimiento” (I Sent., Proemium) y quiere conocer mejor a su amado: ésta es la intención fundamental de la teología. Para San Buenaventura, al final resulta determinante, por lo tanto, la primacía del amor» (Benedicto XVI, San Buenaventura y Santo Tomás, o la fecundidad de la fe. Ecclesia nº 3.512, 03/04/2010).



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